
Llega la crisis y la racionalidad consumidora recupera puestos frente a la seducción manipuladora, lo que no está nada mal. A fuerza de mirarse la cartera, el personal se da cuenta de que está pagando con su dinero el aura de prestigio interesado del que se han rodeado a base de campañas publicitarias en las que la información es algo segundario. Analicemos un poco el contenido verbal de esta esquela lacrímógena:
- “Marcas líderes”. Las que más se gastan en publicidad.
- “Venden calidad”. A precios no competitivos, que compensan con atributos ficticios añadidos a base de persuasión publicitaria. Este imaginario lo paga el consumidor.
- “Por eso confías en ellas”. De eso se encarga la publicidad, haciendonos “familiares” estos productos.
- “Nadie conoce las marcas líderes mejor que tú”. Sí, los creativos publicitarios, que saben enmascarar y escamotear deficiencias y realzar hasta la falsedad los aspectos más vendibles.
- “Sabes que están ahí porque quieren darte la mejor calidad”. Pretenden presentarse como una especie de ONGs del consumo, como si su única razón n la de busco fuera la de obtener el máximo beneficio en el menor tiempo posible, a través de todos los medios posibles que le permita la ley.
- “Es una relación”. Cierto, a base de persuasión publicitaria consiguen que algunos consumidores hablen con objetos, los amen y hasta los tengan como “el mejor amigo”.
- “… que se construye con los años y la experiencia”. Te investigan, conocen tus puntos débiles y te cuelan el producto, consiguiendo que sueñes que…
- “Eliges tú”. Éste es el sueño de todo manipulador de voluntades.
Artículo original en Taller d3


